
En algún lugar desconocido por el hombre se encuentra un ser divino que conoce el porque de todo, solo su inmenso amor por la esencia de todo podría dejarnos sin preguntas. Porque quizá ya todo esta escrito.
Todos alguna ves creímos haber vivido eso antes, todos alguna vez amamos. Todos pasamos por ese sorprendente tiempo de cinco minutos, media hora, un mes o un año compartiendo partes de tiempo en vida con otro ser, esa magia de corto plazo o no tan corto pareció desarrollarse en una vida entera. Quizá cada etapa en la misma existencia de un ser, se desarrolla en distintas vidas. Cada vez que apostamos nuevamente, lo hacemos sin la seguridad de volver a perder, allí es donde la palabra esperanza encaja mejor. Allí es donde todos tenemos un mágico momento de rehacer todo lo que nos afecta y fastidia.
“Quisiera volver a nacer, con una mente nueva y sin recuerdos” frase que dije en el día de hoy, analizándola en los segundos posteriores a exteriorizarla verbalmente me pregunte ¿Para que volver a nacer? Hoy tengo mi madre, y conozco lo que le gusta. Tengo a mis pequeños sobrinos y en cada mirada de ellos se refleja su inocencia, inexperiencia y simplicidad, generando en mí, ganas de seguir creciendo, conociendo, aprendiendo y enseñando. Hoy tengo un presente peregrinamente armado.
Hoy tengo una persona, que me ama y solo el destino o el ser divino que desconozco tiene las certezas de la duración permanente y cambiante de cada pieza que compone el presente propio que tengo. A veces solo debemos redimir nuestra propia deuda de exigencia para volver a nacer en la vida misma.
