
Por un efímero momento me pregunte como seria habitar en el cuerpo de aquella persona cuya angustia a veces proviene del miedo que impone. Es que a los ojos del mortal la fortaleza del hombre se centra en un aspecto físico imponente y no en su corazón. Yo, me expreso con metáforas y este espejo completamente opuesto en el que me reflejo procura desenvolver las suyas en un contexto de gracia. Busca socializar, busca hacer reír; en otras palabras; va detrás de lo que todos corremos sin saber que en realidad, estamos huyendo. Pero el, como pocos logra conseguirlo. Ese anhelo tan vale todo en estos tiempos, ese anhelo tan cobarde, que es ser querido…si fuéramos queridos y valorados ya no importaría la imagen. Porque este sujeto al igual que muchos, me hace desear que los jueces de nuestra sociedad gocen de una ceguera permanente. Y que el privilegio de las palabras solo sea para los mudos.
Cuando la vida más golpea más deseamos encontrarlo, a ese sentimiento absurdo que se convierte en un mal necesario, libre de la mugre de la lujuria, el que nuestros extraños más cercanos nos enseñaron como AMOR…
Él sufrió y se resignó y hoy al igual que siempre las ventanas de su alma, sus ojos, muestran ese dolor tan exacto que contagia y hace doler del mismo modo que este ser siente.
Él es el espejo de muchos, de todos. Es el resultado de sus vivencias. Aquellas que se han reflejado en el, lo maltrataron hasta partirlo en las piezas que en este papel intento volver a unir.
Pero esto es algo ya sabido, siempre que se rompa hay una nueva oportunidad. Y su corazón, roto, tendrá oportunidad solo cuando él esté preparado para decir adiós.

