Ya Maquiavelo analizó cómo se hacen obedecer los gobernantes; hay dos formas, decía, haciéndose amar por sus súbditos -ahora diríamos por los gobernados-, o haciéndose temer. La obediencia, el sometimiento de los más a los menos, era el objetivo de aquellos príncipes crueles, refinados y absolutos, que Nicolás Maquiavelo tomó como modelos y describió en su conocida y brillante obra, precursora de la ciencia política.
Desde altos estamentos económicos y en complicidad con políticos preocupados mas por su posición política que por el bienestar general y medios de comunicación masivos sometidos a las leyes de la audiencia.
Nos están enviando un mensaje de pánico, encubierto en una maraña de teorías económicas nos dicen que esto se hunde.
Que la vieja y solida Europa tienen grietas, que el futuro de cada uno de nosotros es incierto que no sabemos, como, donde y de que vamos a vivir mañana.
El miedo se instala en nuestras cabezas y en nuestros corazones.
Nuestro futuro y el de nuestros hijos están en juego.
Derechos fundamentales de las personas pasan a ser algo secundario, los convenios laborales son papel mojado, los trabajadores extranjeros son competidores, nuestros mayores una pesada carga social.
Cualquier política presentada como un modo de arreglar las grietas es aceptada por muy antisocial y antihumanitaria que sea.
Desde los altos estamentos económicos nos dictan los remedios que los políticos aplican sin apenas oposición popular.
Porque con el miedo en el cuerpo elegimos la esperanza de que cualquier medida impida la inminente catástrofe y apenas nos sale un lamento inaudible por lo que en otras circunstancias nos parecería inadmisible.
¿Quién se atrevería pedir un aumento de salario? ¿O mejores condiciones laborales? ¿Conciliaciones de vida familiar y laboral? ¿O más presupuesto para educación o sanidad?
¿Quién abrirá la boca por los trabajadores inmigrantes cuando ya se está planteando que no tengan los mismos derechos que los comunitarios?
Reconozcámoslo nos están domesticando a base de miedo y con eufemismos baratos donde reducir derechos es “flexibilizar el mercado laboral”.
Díganlo con todas las palabras señores banqueros financieros políticos y demás depredadores sociales.
Digan que si no hacemos lo que nos mandan nos envían a todos al paro y posiblemente sin subsidio.
Digan con todas las palabras que cualquier trabajador que por su trabajo aun tenga la posibilidad de presionar mediante la huelga será reducido a la fuerza y castigado. Y además difamado y presentado como enemigo público número uno.
Que se acabo la farsa de la democracia, los derechos humanos, derechos de trabajadores y cualquier otro derecho que menoscabe su total autoridad sobre todo y todos.
Que ha llegado el imperio del pánico del terror a la exclusión, a la pobreza, a la privación total de libertad, al abandono en la vejez, al fracaso de nuestros hijos, al caos.
Díganlo con todas las palabras y sepan que quedamos personas dispuestas buscando la oportunidad de derribar los muros de su fortaleza hechos de miedo y que cuanto menos tengamos que perder más difícil les será someternos.
domingo, 30 de marzo de 2014
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