lunes, 20 de febrero de 2017
Cogíamos todo el día.
Cogíamos más allá de los genitales.
Cogíamos como si nos fuéramos a morir.
Cogíamos porque queríamos vivir.
Y no me vengan con que eso no es amor, porque no fue mérito de oficio el garchar como garchábamos.
Los dos estábamos rotos, y así minimizabamos el dolor del otro.
Así nos curabamos.
Así nos gustábamos.
Teníamos Magia.
Poco a poco y con el correr de los días fuimos perdiendo la magia.
Cada NO, cada DESPUÉS, cada MÁS TARDE, cada FUE UN DÍA DIFÍCIL obtuvo como resultado el enfriar de nuestras sábanas.
Intentamos conocernos, sin el sexo, y concluimos en que no nos gustábamos a pesar de que nos queríamos. Y acá estamos. Más rotos que antes. Sin curarnos. Sin besarnos. Sin tocarnos. Y no estamos viejos, no! Faltaría más! Cabalgaría sobre mi amado incluso sobre una camilla de hospital. Deseo mi placer, pero lo deseo con su cuerpo, ni sola ni con ajenos, ni los mejores amantes, ni mis imaginarios príncipes azules. Pero ya se rompió, y no sé cómo salvarlo.
Nancy Gisela Cardozo
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