Vivo con Mía desde los 14 años. No recuerdo cuando fue la primera vez q vomité pero si recuerdo la primera vez q pude ver mis huesos y eso fue hermoso. Ir cambiando los pantalones siempre por un talle menos...y en esa época ni siquiera sabia q había otras como yo, que hicieran lo mismo o q esto tuviese nombre...ni siquiera tenia acceso a una computadora o internet. Me fui volviendo poco a poco experta y era algo de todos los días...
Me las ingeniaba perfectamente para no ser descubierta sin necesidad de tips. Podía comer sin culpas...y todo lo que quisiera en la cantidad q quisiera que después salía todo, y con el estomago vacío me sentía libre, liviana, pluma en el viento...
Mi vida era normal, me relacionaban normal e iba a la escuela como cualquier otra de mi edad. Todos me veían bien.
Hasta q me descubrieron, perdi un año de mi vida, internada, me obligaban a comer, todo el tiempo vigilada hasta para ir al baño...el cual no tenia puerta para poder liberarme. Entre con un peso normal de 48 k para 1,60 m de altura y salí con casi 30 kilos más... Junto con una ensalada de pastillas gracias a la psiquiatría. Perdí a mis amigos, al que era mi novio, y el cuerpo en el cual invertí tanto. Incluso mi capacidad mental había sido golpeada con tantos psicofarmacos. Me alejaron de Mía, y casi estaban consiguiendo que me olvide de ella. Con el alta medico regrese a la vida. Pasaron los años... volví a estudiar, me enamoré, fui mamá ... Fui mamá por segunda vez... Y las tensiones volvían cada tanto, la vida de mamá me exigía algunas veces x demás... Y volví a vomitar, esta vez no para adelgazar, sino para no sentir ese peso, para soltar una carga, para volver a sentirme libre.. Pise ambos extremos cuando conocí la obesidad. Después de tener a mi segundo hijo me salió q tengo hipotiroidismo y acepté que me iba a quedar gorda. Mía era libertad, no la escultora de mi cuerpo, la necesitaba para sentirme mejor.
Y hoy con 25 años y 2 hijos, cuando mía me visita la recibo y se hospeda, es difícil dejarla ir, realmente no quiero dejarla ir, soy adulta y puedo decidir quien quiero ser.
Nancy G. Cardozo
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